Per Abbat editora, Argentina, 1985. Leyenda y firma autógrafa del autor Espiritualidad. Filosofía. Pensamiento. 126 páginas. 19 x 11,5. Tapa blanda de editorial ilustrada. Sin subrayados ni anotaciones Buen estado de conservación. Isbn: 9509586005. Los hombres me llaman Dios. Ellos (los hombres) ignoran que yo también, para no desesperar, he debido inventarme un padre, un todo, un infinito. (.) De todo lo que he enseñado a los hombres tengo la certeza de una sola: que la soberbia es el único pecado que no perdono (ni que El me perdona a mí). Es verdad que lo he creado todo y que, de alguna manera, lo sigo creando. Pero alguien me ha creado a mí, y El tampoco ha tolerado -lo sé- mi soberbia de ignorarlo. Sólo una vez me sentí Dios (cuando El me dejó crear) y aún pago la culpa con la imperfección de mi obra. (.) clamo a Dios, interrogándolo sobre el método válido que los haga superiores a mí, millones y millones de dioses propios que me permitan, al fin, descansar, humillarme ante El y decirle tiernamente: "He aquí a mis hijos, ellos ya son Dios, permite mi retiro, mi ostracismo, mi muerte, devuélveme a Ti, quiero que me olvides y que olviden". Porque los hice como dioses: les di la facultad de crear, pero con el tiempo lo olvidaron (.) Llamaron "creación" a sus inventos -ruedas, escrituras, lienzos pintados, palancas, armonías de sonidos, negocios (juegos de niños al cabo)-, y pensaron que quien los hiciera más bellos o más prácticos más se acercaba a mí. (.) Y descuidaron la vida -la de ellos y la de sus hijos- dejándome sólo a mí la responsabilidad de sus verdaderos destinos, negándose a ser dioses, que es la peor de las cobardías, y jugando a ser genios, que es la peor de las soberbias.
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