- A PARTIR DE 10 AÑOS La luz de la infancia, la que se descubre en los ojos grandes sin fondo y sin límites de los niños, no se desgasta. Cualquiera de nosotros puede recordar, mejor, recordarse, columpiándose, empujado por su padre o por sus hermanos mayores en un columpio casero, construido en alguna rama de un árbol frutal cuyas hojas llenaban de contraluz nuestra cara esculpida en ilusión y riesgo. Zas! Zas! Zas! Y, ahora, más fuerte y más alto: ZAS!, ZAS! Conchita Fernández de Avilés... | Paginas: 74 | Medidas: 15 X 21
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