- Constituye un curioso y cuidado estudio de una de las aficiones que el Emperador cultivó a lo largo de toda su vida: la música. Una temprana vocación, alimentada por su tía Margarita, también melómana, y guiada por el gran organista Henry de Bredemers, fue evolucionando en un Carlos niño que tomaba la espineta y el clavicordio tan pronto como se veía libre de otros estudios, y pronto pasó a intentar la composición. Bredemers dirigía con sabia mano los pequeños conciertos en los que, junto a sus ... | Paginas: 88 | Medidas: 14 x 21
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