- En un idioma mudo, la obra se diría en silencio. Su auténtico «decir», su verdad en pintura, se enunciaría como eficacia para sobrepasar cualquier lectura, para exceder cualquier aparente plenitud del sentido, como exigencia que forzaría el reconocimiento de su ilegibilidad radical. Toda interpretación de la obra se vería abocada así a un trabajo interminable, pues su naturaleza pertenece a ese orden de la escritura que resiste a la tentación de someter la producción del sentido a los regímenes ... | Paginas: 115 | Medidas: 15 x 23
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