Poesía. Poemas. Tapa blanda de editorial ilustrada con solapas. Sin subrayados ni anotaciones. Perfecto estado de conservación. Varios de los antologados -Antonio Agredano, Rafael Antúnez, Julieta Valero- se muestran atraídos por la plétora verbal, la composición acumulativa y, en casos, la imaginería irracionalista, a veces con poemas en prosa (Herminia Luque). Gonzalo Escarpa subvierte las fórmulas clásicas con ocasionales chafarrinadas expresionistas. Curiosamente escasean las referencias urbanas -con ciertas excepciones, como un poema de José Antonio Padilla-, si bien Antonio Portela garabatea las claves de la moral posmoderna ('soy poeta del placer intransferible. / Que me dejen tranquilo con mi walkman'), en los aledaños de un psicorrealismo sucio: 'Reivindico la palabra sexo / y todas sus consecuencias. / Asimismo reivindico otras palabras, / como semen o coño'. A su disposición están todas las del diccionario; aunque sospecho que tales ingenuidades sicalípticas no van a espantar a nadie, si no es a la poesía. Hay ejercicios de acendramiento (Antonia Ortega), otros que adoptan la candidez visual del haikú (Julio Reija) y poemas de notable armonía discursiva (Josep M. Rodríguez) que contrastan con las enumeraciones caóticas, de gran tensión imaginística, ensartadas por la muy precoz Elena Medel. Algunos autores, en fin, apuestan por la intransitividad comunicativa, aunque deberían entender que una emoción sólo se activa poéticamente cuando se propaga a quien lee. Por lo demás, y a pesar de su prestigio, el solipsismo no siempre es lo contrario de la trivialidad; a veces es sólo su excipiente.